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Es un cuerpo

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Es un cuerpo, 2022

Cemento, acero y restos vegetales

Es un cuerpo. Un cuerpo deseante que se alimenta de manera implacable, que devora lo que encuentra a su alrededor, que no pide permiso y mastica con fuerza: 

 

«¡haaam, haaam, haaam!».

 

Lo traga, lo transforma y lo arroja de nuevo pero con otra forma. Lo moldea según sus necesidades, apropiándose ferozmente de lo que ya existe.

 

Este cuerpo camina con lentitud y, a su paso, va envolviendo lo que le sostiene. Ha llegado a atrapar lo que le hacía funcionar hasta hacerlo desaparecer. La espesura de su materia plateada lo ha transformado en invisible y ha anulado lo que constituía su propio ser: lo que le otorgó forma, lo que le dio sus contornos y definió su alcance. Es un cuerpo que, al igual que las ciudades, está plagado de conexiones, de circuitos por los que se mueven el agua, el gas y los datos. Y también la mierda. Es un cuerpo que ha suprimido toda su red tentacular del campo de lo visible y que se ha rendido al registro de lo oculto, pero que no ha podido controlar lo que va más allá de su materialidad y de lo que le hace estar vivo, su hediondez.

 

Gozne entre dos tiempos, es materia del trabajo de campo: de la azada, del rastrillo y del cubo; del polvo en los ojos, del cuerpo inclinado y del sol en la espalda. Pero también del trabajo en la fábrica, de la siderurgia que produce tuberías de hierro fundido, de acero, de latón o de plomo. 

 

Es un cuerpo que tiene vida aunque el cemento lo haya sepultado. En él se ha abierto paso la vegetación; higueras y campanillas trepadoras. Gracias a los restos de agua que este cuerpo ha conservado en su interior, han crecido plantas oportunistas, ruderales y de pequeño tamaño. También en sus márgenes han proliferado las cañas de cuerpo hueco y los tallos subterráneos cuyos entrelazamientos se denominan «rizomas» y que, tal como su nombre indica, conforman una arquitectura interior incontrolable, expansiva y desafiante.

 

Este cuerpo es una masa informe, sin cabeza ni cola. Es un cuerpo en el que no se sabe con certeza cuál es el principio y su final. Que, como la historia misma, no tiene un origen, sino que aparece y desaparece, y puede comenzar y terminar en idéntico lugar. Es un cuerpo plagado de resurgimientos y de diversos nacimientos. 

 

Es un cuerpo que en realidad es una imagen. Nace de la ausencia de otro cuerpo, de una materialidad ya perecida. De una que es capaz de ampliar el campo fenoménico de aquello que fue.


Mercedes Pimiento ha hecho un cuerpo a partir de una diseminación. Ha construido una amalgama repleta de cuestionamientos que la atraviesan. Es un cuerpo reflexiona acerca de las infraestructuras que articulan nuestra vida y de cómo las percibimos; de cómo estas penetran en espacialidades para alterarlas y transformarlas y, también, de cómo participan en la conformación urbana y material de un territorio determinando desde la economía hasta sus costumbres. Pero Es un cuerpo reflexiona también sobre el espectro de una materialidad existente como fue el canal de la Infanta que, aunque ya en desuso, continúa generando historias, deseos y relatos.

Es un cuerpo. Blanca del Río

 

 

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