Turó de la Rovira: Encofrados

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Encofrados, 2019

Poliuretano expandido flexible, madera de pino, DM y fotografía

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Encofrados, 2019

Poliuretano expandido flexible, madera de pino y DM

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Turó de la Rovira, 2018

Impresión digital 100x70cm

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Encofrados, 2019

Impresión digital sobre papel Cyclus Print 21x29,7cm

El Turó de la Rovira es una montaña urbana situada en Barcelona, que se ha ido horadando y remodelando a lo largo de la historia, como reflejo de la historia de la ciudad.

 

En la construcción del ensanche de Barcelona durante la primera mitad del siglo XX, los áridos y la mezcla utilizados provenían principalmente de las canteras situadas en el Turó de la Rovira. Durante la posguerra, en la cima del Turó —sobre los restos de las baterías antiaéreas instaladas durante la Guerra Civil— se construyó el núcleo de barracas llamado Los Cañones. Los primeros habitantes de la zona, bajaban a la ciudad a recoger los escombros de los edificios destruidos por la guerra, para construir sus barracas. Así, el material que décadas antes se había extraído de la montaña, volvía a formar parte de ella.

 

En 1990 Pasqual Maragall, rodeado de fotógrafos y periodistas, da el primer golpe de martillo para derribar las últimas barracas de Barcelona —las del barrio de los Cañones—, como parte del proceso de lavado de cara de la ciudad para los Juegos Olímpicos de 1992. Entonces, los restos de las barracas vuelven a formar parte del sustrato de la montaña, convirtiéndose en una capa más de sedimento que convive hoy con la vegetación y las nuevas vías de acceso adaptadas al turismo.

 

Aún se pueden ver en la cima del Turó algunas de las calles del antiguo barrio de barracas, que fueron construidas por los propios vecinos. En su mayoría eran escaleras, construidas mediante encofrados de cemento adaptados a las formas de la roca del Turó. Una estructura simple pero fundamental, que se funde con la montaña, la parasita, convirtiéndola en urbanismo, adaptando su relieve a la escala humana.

 

Turó de la Rovira: Encofrados (2018 / 2019) es un conjunto formado por una serie de piezas escultóricas y dos fotografías, creado a partir de la repetición de ese gesto constructivo. Para su realización se han instalado varios encofrados de madera directamente sobre la superficie del Turó, en el orificio que quedó en el terreno de la cantera de Can Baró —el único espacio plano del barrio, que tras el cierre de la cantera fue utilizado como campo de fútbol local y, actualmente, como aparcamiento público—. A partir de estas estructuras de madera, se han construido los encofrados: una serie de piezas de poliuretano expandido flexible que se adaptan a la forma de la montaña a la vez que registran su superficie. A estas piezas se suma una fotografía en la que se puede ver uno de los encofrados en la pared del Turó, y una fotografía de las escaleras del antiguo barrio de Los Cañones.