Useless Landscape

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El acto mismo del uso no existe en la naturaleza antes de ejercitarlo, mientras se lo ejercita, ni después de haberlo ejercitado. El consumo, en efecto, aunen el acto de su ejercicio, es siempre ya pasado o futuro y, como tal, no se puede decir que exista en la naturaleza, sino sólo en la memoria o en la expectativa. Por lo tanto no se lo puede tener si no en el instante de su desaparición.

 

(Juan XXII) Giorgio Agamben, Profanaciones (2005)

 

 

Useless Landscape (2014) es un proyecto que explora el proceso de construcción de una urbanización ficticia, un complejo de viviendas que desde el momento mismo de su nacimiento es inviable y que jamás será usado ni habitado. Investiga por lo tanto ese momento de transición, “entre las ruinas de lo que antes hubo y los indicios de lo que está por construir”, el estadio anterior a la Profanación en el cual el uso es imposible.

 

Lugares entre el pasado y el futuro, entre la memoria y la expectativa es donde podríamos situar Useless Landscape, de Mercedes Pimiento (Sevilla, 1990). Para el análisis de estos espacios y estas imposibilidades vale retomar la noción de Profanación de Giorgio Agamben: ¿qué es profanar?, ¿qué relación tiene este concepto con el contexto actual? y, ¿cómo se relaciona con el trabajo de la artista? Agamben parte de la idea benjaminiana del capitalismo como religión[1] , en la que una serie de procedimientos llamados de consumo inhiben el valor de uso de los objetos. A partir de ahí propone que profanar por tanto supondría devolver al uso común cada lugar, cada objeto o actividad humana que ha sido arrebatado y separado por la religión capitalista. Ese trayecto de lo sagrado (aquello que no tiene uso) a lo profano (hacer uso de ello) es de esta manera un procedimiento subjetivo de interrupción de esa “sacralidad” capitalista del consumo.

 

El trabajo de la artista que despliega en el espacio de la galería Javier Silva es un conjunto de obras de diferentes formatos: construcciones que están a medio camino entre la escultura y la instalación, fotografía y dibujos. Todo ello como un sistema que acerca al espectador a las ideas de inutilidad y de imposibilidad del uso por tres caminos diferentes: las obras y en su relación con esas ideas; otro por la escala utilizada; el último es en relación a los materiales.

 

Sobre una mesa encontramos dos maquetas que corresponden a la proyección de esa urbanización ficticia. La primera de ellas es la pieza que da nombre a la muestra, Useless landscape, y está dispuesta sobre una base de escayola con dieciséis pequeñas construcciones de diferentes materiales, todos ellos de frágil apariencia y facilidad de manipulación: cartón, tiza, azúcar... La otra son tres construcciones sobre estructuras de madera y tiza colocadas en batería. También sobre la mesa hay dibujos (2015), unos realizados a lápiz sobre papel y otros directamente sobre el cristal de unas diapositivas que se van proyectando sobre la pared, en ellos se muestran una vez más, construcciones. Por último encontramos cuatro fotografías (2015) a color con predominio del gris y en las que aparecen materiales y herramientas de construcción.

 

En este trabajo están presentes una serie de fracturas y tensiones que no podemos considerar como estrategias sino como fundamento de la obra en su conjunto, en la que todos sus componentes encajan: si proyectar un edificio es pensar en construir, en habitar, Mercedes Pimiento idea tanto en los dibujos como en las maquetas unas construcciones en las que se subraya la imposibilidad de habitarlos, de usarlos si se formalizaran. Encontramos desde edificaciones opacas imposibles de transitar, pasando por algunas que no tienen cubierta imposibles de guarecer o aquellas de evidente fragilidad imposibles de cobijar, en definitiva espacios creados que rechazan cualquier tipo de relación con la idea de morada.

 

La escala es siempre una relación subjetiva entre el espectador y la obra, que como el tiempo y el espacio, son ficciones de una elasticidad infinita[2]. La muestra está pensada como una instalación 2 para recorrer libremente, para que nuestra percepción vaya cambiando a medida que nos vamos introduciendo en ella y encontrando con las obras. La intención de la artista es clara cuando nos propone una exposición en la que juega con obras de diferentes tamaños situándolas en un espacio que sólo tiene sentido cuando el espectador se enfrenta con él. Un espacio además que no se reduce sólo a la contemplación pues, aunque en una primera impresión las estructuras que en él se disponen parezcan listas para ser no sólo miradas sino poseídas o habitadas, esta percepción queda interrumpida por la imposibilidad de ello, imposibilidad que se le manifiesta al espectador al medirse con las obras.

 

Los materiales ocupan un lugar muy relevante en el trabajo de Mercedes Pimiento pues ellos evidencian más, si cabe, esas tensiones y fracturas a las que nos referíamos anteriormente. Tanto los materiales utilizados en la pieza Useless Landscape (cartón, tiza, azúcar…) como el jabón presente en tres construcciones situadas en el suelo, son en su mayoría de tal delicadeza y ductibilidad que, paradójicamente, es fácil dejar una huella tras ser manipulados, usados. De igual manera la condición de fragilidad de los mismos los invalida para ser utilizados en la ejecución de la urbanización que la artista ha proyectado. Todo ello nos trae a la memoria lo que Robert Smithson -artista de referencia para Mercedes Pimiento- señalaba en su escrito Entropía y los nuevos monumentos (1966) con respecto al carácter efímero de los materiales con los que se estaban llevando a cabo los nuevos edificios: “no están hechos con materiales para durar, sino contra la duración”.

 

Por último decir, retomando el hilo iniciado al principio de estas líneas, con respecto a la dialéctica capitalista del consumo, que mientras que continuamente se nos sitúa en el deseo de lo nuevo, en la expectativa, no se cesa de crear cosas fugaces con una obsolescencia incorporada desde sus inicios, en una espiral sin fin. Y es en esa espiral sin fin, que nos aparta constantemente de cualquier tipo de certeza, hacia donde apuntan las fracturas y tensiones que nos plantea el trabajo de Mercedes Pimiento.

 

 

Blanca del Río

 

 

[1] Walter Benjamin, Capitalismo como religión', 1921

[2] Maggie Gilchrist y James Lingwood, El paisaje entrópico, 1993

     

 

 

20.03.2015 / 13.05.2015

Galería Javier Silva, Valladolid.

 

 

 

 

 

 

 

Dibujo VIII

2015 Lápiz sobre papel 21x15cm Drawing VIII 2015 Pencil on paper 21x15cm