Inane

23.02.2016 / 28.02.2016

Casa Leibniz, Palacio Santa Bárbara, Madrid.

27.05.2016 / 22.06.2016

Do you believe?, Fabra i Coats - Centre d’Art Contemporani de Barcelona.

INANE, LAS HUELLAS DEL OLVIDO 

 

 

Toda lengua viva es un sistema cambiante, mudable. Al igual que ha de adecuarse a las nuevas realidades, cualquier palabra que deja de utilizarse tiende a desaparecer. Parece paradójico que un vocablo que significa vano o fútil como “inane” haya terminado por convertirse en inútil en sí mismo. Un adjetivo en desuso, relegado al olvido y sin embargo, que posee una belleza arcaica, casi ancestral. Algo así ocurre con la ruina, vestigios del pasado que tan importante han sido a lo largo de la Historia del arte. Desde el precoz Durero y los intrincados grabados de Piranesi en el Renacimiento, pasando por las idealizadas marinas de Lorena en el XVIII y hasta los soberbios paisajes de Friedrich en el Romanticismo, la ruina siempre ha poseído un carácter sagrado, pero a la vez ha sido símbolo de la transitoriedad y la decadencia del propio ser humano. 

Para Mercedes Pimiento (Sevilla, 1990) la ruina es un rastro, el testimonio de un poder impuesto y después marchito –el económico- hasta cristalizarse en mausoleos al abandono, reliquias que hablan de la intrahistoria de un lugar a todo aquel dispuesto a prestar atención. Ya en ‘Useless Landscape’ (2015), Pimiento aludía a la obsolescencia programada y a la vulnerable temporalidad del concepto “hogar” en nuestra sociedad mercantilista. Ahora, como una evolución lógica de su anterior trabajo presenta ‘Inane’ (2016), un proyecto en el que la artista vuelve a partir de la realización de dibujos en papel y la recopilación de imágenes fotográficas derivadas de su merodeo por los exteriores urbanos de las ciudades en las que habita. Tierras sin nombre ni dueño, plagadas de elementos arquitectónicos, ruinosos, olvidados, obsoletos, como residuos de la planificación urbanística de otros tiempos.

Tras este primer e importante proceso de investigación sobre el terreno, Pimiento madura y reinterpreta las imágenes para materializar su sutil ideario artístico. Con una marcada inclinación hacia la creación escultórica que está siempre presente en sus acabados, apuesta por convertir en endebles y quebradizos los elementos constructivos desahuciados que pueblan su contexto más cercano. De esta forma, la artista reutiliza elementos de desecho encontrados -escombros, hormigón, madera- o se sirve de un material tan vacuo como una pastilla de jabón para recrear a pequeña escala delicados “monumentos” del siglo XXI. Se trata de un juego dialéctico sobre lo que deberían ser megalíticas estructuras símbolos de poder, que se convierten en diminutos prototipos efímeros derivados de la ruina capitalista en la que se cimienta nuestra sociedad actual. Una paradoja en la que aquello que parece sólido y resistente alabastro se descubre frágil y maleable como la cera, gracias a la acción casi mágica de la luz del sol.

De esta forma se advierte que, además de la cuidada selección de los materiales y la intención conceptual en la alteración de las escalas, la luz natural pasa a formar parte fundamental de la propia concepción de las obras. Una afección que recuerda en gran medida a autores del Land Art, con los que Mercedes Pimiento se siente identificada y a los que debe ese interés por capturar determinados elementos del entorno, reinterpretarlos y encapsularlos en la sala expositiva.  Continuas referencias al paisaje a las que se une también una admirable predisposición artística para la elección del color, a través de una rica gama cromática de grises y tierras, así como una sugerente capacidad para destacar la belleza de lo sencillo, huyendo de lo ornamental para situarse en el difuso límite entre lo natural y lo manipulado. 

En definitiva, el trabajo de esta joven sevillana invita a la contemplación pero también a la reflexión. Piezas con una poética propia que funcionan como elegantes alusiones a la precariedad del sistema sociopolítico imperante, pero también a la majestuosidad de la ruina como metáfora de la victoria del antimonumento. Construcciones inexistentes en la realidad, pero erigidas gracias a la proyección de su imagen por el ser humano, quien a través de la imaginación y el recuerdo -como dijera Bachelard- alcanza la esencia pura e inmutable del concepto perteneciente en último lugar a la memoria colectiva.

 

Sara Blanco 

Monumento#1

2016 Parafina 80x100x80cm Monument#1 2016 Paraffin 80x100x80cm